Como ateo bautizado de origen judío, a menudo he reflexionado sobre el origen de todo. Las experiencias con las religiones, ya sean personales o históricas, se cruzaron con mi educación y gradualmente formaron mis reflexiones sobre en qué creo. La idea de la creación a partir de la nada, sea lo que sea que eso signifique, me ha acompañado durante muchos años, y me llevó un tiempo armonizarla con otras posturas. De este proceso surgió finalmente la base de esta filosofía.
Creo en la fuerza de una sociedad que funciona y en que su esencia la crea cada uno de nosotros. Creo que la educación moral del individuo es suprema y nos protege de caer en el caos. Por eso me preocupa profundamente el declive gradual de la sociedad y de los valores que hacen que nuestra convivencia diaria sea mejor.
Muchas de mis ideas son antiguas y ya han sido expresadas innumerables veces de diferentes maneras. Sin embargo, a través de este camino filosófico quiero revitalizarlas, compartirlas de nuevo y mostrar que pueden ser la clave para mejorar nuestras vidas.