Bondad
El acto de hacer el bien tiene valor por sí mismo. Todo esfuerzo por hacer el bien con la expectativa de una recompensa es incompleto.
El altruismo es un concepto con el que nos encontramos con frecuencia. Aprendemos sobre él desde la infancia, pero rara vez reflexionamos sobre lo que realmente significa. Una explicación común es que, si ayudo a alguien sin esperar recompensa, se trata de un acto desinteresado.
Sin embargo, si miramos más profundamente, descubrimos que la verdadera pureza del altruismo es muy rara. Ayudar a los cercanos no es completamente desinteresado, porque en ello se esconde la silenciosa expectativa de que ellos ayudarán de otra manera más tarde. Ayudar a desconocidos puede estar motivado por el deseo de establecer contacto, ganar favor o al menos la sensación de que alguien nos ayudará a nosotros en algún momento. Si creemos que los buenos actos nos traerán beneficio en la vida después de la muerte, eso tampoco es desinteresado. Y si realizamos el bien con el objetivo de mejorar la sociedad, todavía hay un beneficio consciente o inconsciente en ello.
Hacer el bien con la expectativa de una buena vida después de la muerte no es desinteresado
¿Existe Realmente Un Acto Desinteresado?
No existe el altruismo completo, pero sí el bien puro.
El bien puro es un acto que beneficia a la sociedad, a una persona o al mundo, independientemente de si hay recompensa por ello. Es un valor en sí mismo.
Ejemplos de bien puro:
- Como conductor, me detengo para que los peatones puedan cruzar con seguridad.
- Ayudo a un desconocido con una carga pesada.
- Defiendo a alguien oprimido en público.
- Reparo o limpio algo que sirve a todos.
- Muestro a un extranjero el camino.
- Ayudo a un animal o persona en necesidad.
- Elimino un obstáculo que podría dañar a alguien.
Estos actos pueden ser pequeños o grandes, pero siempre contribuyen a mejorar. Cada uno de nosotros puede imaginar innumerables actos de bien puro, pequeños y grandes, con los que podemos mejorar nuestra sociedad aunque sea por un instante.
Al realizar bien puro, el individuo y la sociedad crecen.
En el Semelismo y en otras corrientes que rechazan lo sobrenatural, el acto de hacer el bien está purificado de la recompensa postmortem. Solo hay una vida y después no hay nada. Gracias a esto, estos individuos realizan un bien más puro.
Hacer el bien es una recompensa en sí mismo. Trae equilibrio interior, alegría y nobleza. Quien experimenta el bien puro, se siente motivado a transmitirlo a otros. De ello se desprende que, mediante el bien puro de un individuo, crece tanto el individuo como la sociedad.