Igualdad
El intento único de otro es tan valioso como el tuyo propio.
Cada persona experimenta todo solo una vez. Al igual que nuestra propia experiencia, la experiencia de otro es única y valiosa, por lo que es inapropiado arruinar el momento de un individuo. No tienen que ser solo actos intencionales que dañen a alguien. Esto también incluye manifestaciones subconscientes: no respetar las reglas básicas de la sociedad, difundir mal humor, la imprudencia o la inhumanidad.
Incluso pequeños actos de humanidad, como ayudar a los ancianos con las escaleras o con el equipaje en la estación, contribuyen a mejorar el intento único de otra persona.
El respeto hacia los demás es la base de la convivencia. Cada individuo debe ser aceptado con su experiencia y su verdad. Incluso la opinión de una persona es un reflejo de su experiencia única, que nunca se repetirá. Lo que llamamos verdad es, por lo tanto, una interpretación personal de la vida. Cada verdad tiene valor para quien la posee, aunque para otro pueda parecer incorrecta. Lo importante no es juzgar el resultado, sino comprender el camino que llevó a él. No necesitamos aceptar la verdad de alguien, pero siempre debemos respetarla y esperar el mismo trato de los demás.
La excepción es cuando la verdad personal se antepone al funcionamiento de la sociedad o de un individuo dentro de ella.
Ninguna verdad es superior al camino único de un individuo.
Por lo tanto, nuestras acciones nunca deben poner en peligro o destruir el camino de otro, sin importar qué “verdad” profesemos. Si con nuestras acciones amenazamos o disminuimos la calidad del camino único de otro individuo, perdemos el derecho al respeto de los demás hacia nuestro propio camino único.
Un ejemplo puede ser un ladrón de bicicletas. Con sus actos pone en peligro la calidad del camino único de otra persona. Por ello, su camino y su verdad no son superiores y pueden ser influenciados o modificados, por ejemplo, mediante encarcelamiento o mediante leyes y multas.
Cada sociedad establece límites de comportamiento que permiten su estabilidad y aseguran que los caminos de los individuos no se pongan en peligro mutuamente. Si la verdad de un individuo rompe estos límites y amenaza al conjunto, debe subordinarse. Si la verdad personal intenta imponerse a expensas de otros, se vuelve peligrosa. No porque su valor sea menor, sino porque interfiere con los caminos únicos de los demás.
¿Cómo Es Posible Implementar Un Cambio Social Si Una Verdad Que Amenaza El Funcionamiento Actual Debe Subordinarse?
El cambio social debe ser el resultado de un consenso más amplio.
Una nueva verdad debe difundirse primero como una visión, una idea que acepten quienes la consideran correcta. Solo cuando la mayoría comience a aceptar esta visión, la sociedad se adaptará naturalmente a un nuevo funcionamiento. Hasta entonces, se puede tener una opinión diferente, pero siempre es necesario respetar las reglas establecidas de la sociedad. El cambio real debe comenzar desde los cimientos, con actos concretos y comportamientos que muestren el camino de manera natural.
Cualquier propuesta de cambio sin un consenso amplio generará fricción en la sociedad.
Las experiencias de la pandemia de SARS-CoV-2 que vivimos estuvieron llenas de ejemplos en los que el camino de alguien tuvo que ser afectado. Por ejemplo, no respetar los caminos de otros al ser potencialmente portadores de una enfermedad contagiosa llevó a la orden de usar mascarillas en público. Fue una señal destinada a enseñarnos respeto. En cambio, al no existir un consenso social, esto generó fricción.
La sociedad es clave, pero su cambio no debe poner en peligro los caminos únicos de los individuos. La verdad de un individuo puede ser un motor de cambio social, pero la manera en que se impone debe respetar los intentos únicos de los demás.