Legado
Vive de tal manera que los demás también puedan vivir su único intento plenamente.
La vida que llevamos es única e irrepetible. Tal como comenzó, un día terminará y se disolverá de nuevo en la Nada. Este hecho puede llevar a algunos a pensar que nada importa y que solo debemos disfrutar del momento presente. Pero ocurre todo lo contrario. La singularidad de nuestro intento nos obliga a asumir responsabilidad.
En el punto anterior dijimos que “El intento único de otro es tan valioso como el tuyo propio”. Este principio no se aplica solo a los individuos del presente, sino también a los que vendrán después de nosotros. Si actuamos de manera irresponsable, afectaremos no solo a los de hoy, sino también a las futuras generaciones, que igualmente merecen vivir su único intento plenamente.
Algunos actos tienen un impacto mayor del que nos imaginamos. Si arrojamos basura en la naturaleza, creamos un hábito para otros y contribuimos a que la naturaleza se transforme en un vertedero. Si no saludamos a nuestros vecinos, se pierde el respeto básico dentro de la comunidad. Si insultamos y criticamos, debilitamos la motivación de los demás y quizá impedimos la aparición de cambios positivos.
Por el contrario, incluso los pequeños actos pueden desencadenar una cadena positiva. Recoger la basura dejada por otra persona puede inspirar a otros a cuidar de la misma manera. Un cumplido sincero puede alegrarle el día a alguien y propagar buen ánimo. La amabilidad y la hospitalidad pueden motivar a otros a actuar de igual forma.
Estos actos, poco a poco, empujan a la sociedad hacia el bien puro.